por Arturo Castillo | Salud
Los trastornos cutáneos son enfermedades muy comunes que pocas veces son diagnosticadas de manera correcta. Sus signos y síntomas son muy característicos y se pueden encontrar diversos patrones dentro de ella. Además, su tratamiento es muy sencillo y eficaz si es tratado a tiempo y bajo la supervisión de un especialista. A continuación, te brindaremos la información más explícita acerca de la dermatitis
¿De qué se trata la dermatitis?
Se trata de una inflamación de la epidermis acompañada con enrojecimiento y comezón de la misma. Su presentación puede ser brusca o puede aparecer de manera progresiva desencadenada por algún agente. También, puede considerarse como una liberación de una serie de agentes inflamatorios e irritantes por parte del tejido. Sin embargo, dependerá de cual sea el tipo de presentación de la misma ante la piel del individuo.
Su presentación puede generar laceraciones en la piel que pueden complicarse rápidamente; incluso, pueden extenderse a otras partes el cuerpo o zonas vecinas de la lesión principal sino se toman las medidas y previsiones correctas. Por otro lado, tiene la particularidad de presentarse bajo diferentes patrones los cuales pueden ser unos más severos que otros.
Tipos de Dermatitis
Los patrones bajo los cuales se rige la dermatitis son variados y recibe diferentes nombres bajo los cuales la identifican. Asimismo, tiene diferentes características que pueden diferenciar una dermatitis de otra. De igual forma, dentro de sus signos y síntomas mantienen ciertas similitudes que hacen que su diagnóstico precoz sea oportuno. Aunque, mediante un interrogatorio y un examen físico se puede llegar a determinar el tipo.
Sus variedades se caracterizan por tener aspectos que llaman la atención del examinador y ayuda a determinar el desencadenante y una conducta. Es por ello, que en este apartado te mencionaremos detalladamente cuales son los tipos de dermatitis que hay. También, cuales los signos y síntomas que las definen como un trastorno cutáneo frecuente.
Dermatitis Seborreica
Se trata de una enfermedad crónica y evolutiva que afecta la piel que se caracteriza por enrojecimiento y descamación. La descamación se identifica por ser muy fina similar a la que afecta a la psoriasis. También, afecta diferentes zonas de la cara, cuello, cuero cabelludo y diferentes partes del cuerpo. Asimismo, esta enfermedad se reconoce por tener picos de remisión sin signos aparentes y exacerbación
Se puede presentar durante la etapa adulta pero también puede afectar a jóvenes y pequeños. Su etiología, proviene de una alergia a un hongo atípico que afecta a la piel denominado Malassezia furfur. Sin embargo, el cuerpo del individuo desencadena una serie de reacciones inmunológicas; las cuales rechazan el hongo de la piel produciendo una descamación fina de la piel.
Dermatitis Atópica
Es una afección crónica de la piel la cual es muy pruriginosa y afecta fundamentalmente las zonas flexoras del cuerpo; tales como los pliegues de los codos, rodillas, piernas, evidenciándose en ciertas personas en la cara y el cuello. A su vez, puede presentarse en enfermedades que cursan con atopia; como enfermedades respiratorias y alergias severas, Además, es considerada como una de las enfermedades más frecuentes en la actualidad.
Sin embargo, no se conoce una causa precisa de porque desencadena el prurito en la piel y en esas partes del cuerpo. Aunque, especialistas han asociado a la enfermedad a trastornos inmunológicos y factores ambientales que la estimulan. Al mismo tiempo, lo han asociado a factores hormonales y estrés; que desencadena una exacerbación de toda la clínica que genera la enfermedad.
Dermatitis Alérgica
También conocida como dermatitis de contacto, es una erupción cutánea rojiza y muy pruriginosa producida por el contacto. El contacto, puede ser directo con algún objeto o con una sustancia endógena o exógena al individuo. No obstante, puede generar lesiones molestas que pueden llevar a escoriaciones y lesiones que pueden infectarse fácilmente por microorganismos.
El contacto, es la principal causa de los síntomas y para evitarlos se debe identificar la causa y tratar las consecuencias de la misma. Por ello, es importante, determinar cuál es el origen para que se trata de manera inmediata y evitar que empeoren los síntomas de la dermatitis. Incluso, se puede establecer el diagnóstico diferencial entre otras de las dermatitis que tengan una clínica similar.
¿Existe tratamiento para la dermatitis?
En efecto, la dermatitis puede ser tratada satisfactoriamente pero depende de la causa y de la gravedad de los síntomas. La mayoría de las veces, es tratada con corticoesteroides en crema, geles y ungüentos sobre las lesiones que estén más complicadas. De la misma manera, se puede añadir al tratamiento médico corticoesteroides por vía oral para potenciar el tratamiento tópico.
De igual forma, se puede utilizar fototerapia al exponer a las lesiones de los diferentes patrones e dermatitis; la cual consiste en exponer a luz natural o artificial las lesiones que son mucho más difíciles de tratar. También, se pueden aplicar potenciadores del sistema inmunológico y tomar anti alérgicos vía oral para disminuir la comezón y el enrojecimiento de las zonas.
¿Se puede prevenir la dermatitis?
La dermatitis como cualquier enfermedad se puede prevenir siguiendo unas medidas estrictas; sobre todo cambiando el estilo de vida que llevamos en nuestra piel, ya que, cada individuo tiene un tipo de piel específica que debe llevar un cuidado acorde. Una de las opciones más utilizadas es humedecer la piel y utilizar jabones medicados con pH neutro. Debido a que, esto ayudará a proteger la piel sensible que todavía no ha sido diagnosticada.
También, se pueden utilizar elementos naturales que mantengan el pH de la piel balanceado sin alterarlo. Por otra parte, se puede utilizar ropa hipoalergénica que no genere cambios en la piel y promoviendo cambios en los hábitos de higiene; por ejemplo, comiendo elementos sanos, controlando el estrés y evitar químicos que puedan exacerbar el cuadro de dermatitis.
En resumen, la dermatitis es una alteración tópica de la piel la cual es multicausal y puede ser tratada eficazmente. Actualmente, existen diferentes protocolos que permiten tratar la causa primaria con corticoesteroides, antialérgicos en diferentes presentaciones; las cuales ayudarán a aliviar o eliminar los signos y síntomas. Incluso, se han recomendado diferentes opciones que mejoraran la calidad de vida y evitaran recidivas constantes.
por Arturo Castillo | Salud
El sistema digestivo, es sin duda uno de los más importantes, puesto que, nos permite alimentarnos, absorber nutrientes y energía; además, es el principal responsable del equilibrio de los líquidos en el cuerpo, gracias a su capacidad de absorción. Sin embargo, al ser un sistema abierto, se encuentra expuesto a muchos agentes que causan diarrea; lo cual, puede ser perjudicial para la salud si no se trata, por ello, hablaremos sobre cómo tratar la diarrea.
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¿Qué es la diarrea?
Es muy importante, antes que nada, hablar sobre qué es la diarrea propiamente, ya que, se tiene popularmente un concepto errado. De este modo, la diarrea es el aumento de evacuaciones diarias a más de 3 veces; en las cuales, la consistencia de las heces puede ser líquida, semilíquida o pastosa, en algunos casos concretos incluso dura. Por ende, lo más importante a tener en cuenta es que la frecuencia diaria de evacuaciones es lo más determinante para el diagnóstico.
Por supuesto, la aparición de diarrea guarda una estrecha relación con los hábitos de alimentación y funcionamiento orgánico; gracias a esto, la diarrea es un síntoma frecuente de muchas enfermedades, además de ser una patología como tal. Principalmente, porque el sistema digestivo es bastante sensible a otros cambios orgánicos. En atención a esto, es de gran importancia identificar los tipos de diarrea.
¿Cuáles son los tipos de diarrea?
Esencialmente, la diarrea desde el punto de vista médico, se diferencia por su mecanismo de producción; es decir, lo que sucede en el organismo para que ocurra, sin embargo, esto no es de tal interés popular. Como información general, tenemos la diarrea osmótica, secretora, irritativa, por hiperactividad intestinal, infecciosa, entre otras. Por supuesto, esta clasificación tiene importancia vital para el diagnostico médico. Sin embargo, es más relevante diferenciarla por la clínica, resultado así.
Diarrea aguda
Se acepta como diarrea agua, todo aumento en la cantidad y frecuencia de evacuaciones de aparición súbita; lo cual, puede asociarse a causas alimentarias, intoxicaciones, infecciones, mala digestión y absorción, entre otras. Sin embargo, se llama aguda tanto por su aparición espontánea como su duración, pues la diarrea agua no suele durar más de 3 días.
Diarrea crónica
Este es un tipo de diarrea desde el punto de vista clínico, que es mucho más peligroso, pues denota una enfermedad sistémica. Como mencionamos, el organismo suele comunicar sus alteraciones a través del sistema digestivo. Por ende, una diarrea crónica, que dura más de 4 semanas, puede significar una enfermedad grave, como por ejemplo VIH. En este caso, la diarrea puede variar en consistencia blanda a líquida, pero nunca dura.
¿Qué causa la diarrea?
Las causas de diarrea son amplias, como mencionamos, el sistema digestivo es abierto al medio externo, por lo que es muy susceptible. Sin embargo, también puede producirse diarrea por alteraciones del medio interno; que es lo que ocurre frecuentemente cuando aparecen diarreas crónicas. A modo de resumen, comentaremos las causas de diarrea frecuentes que pueden orientar un poco al diagnóstico.
- Intoxicación o alergia a alimentos.
- Intolerancia alimentaria (gluten, lactosa, etc).
- Infección por bacterias, virus (gripe, norovirus, rotavirus), parásitos y hongos.
- Síndrome de malabsorción intestinal.
- Enfermedades digestivas (colon irritable, enfermedad de Crohn).
Síntomas de diarrea
A pesar de que para muchos el principal síntoma de la diarrea es el aumento de evacuaciones y cambio de consistencia; en realidad, esta puede estar acompañada de muchos otros síntomas que pueden orientar mejor al diagnóstico. Por ejemplo, si se presenta con fiebre, se presume de una infección hasta que se demuestre lo contrario; además, la infección por parásitos puede desencadenar diarrea acompañada de sangre y tos seca (Síndrome de Löffler). De modo general, también acompaña otros síntomas:
- Dolor abdominal o calambres
- Deshidratación o aumento de la sed
- Vómitos
- Fiebre
- Sangre en heces
- Cambios de coloración (diarrea verde, diarrea amarilla, diarrea negra)
En este último tópico, el color de la diarrea tiene especial relevancia, pues en algunos casos orienta al diagnóstico, al igual que el aroma. Aunque no es un determinante de la causa, puede resultar de gran ayuda para los profesionales de salud y pacientes; por ello, vamos a hablar muy resumido de esto, teniendo en cuenta que la alimentación puede influenciar al color directamente:
- Diarrea amarilla intensa, puede significar exceso de bilis en las heces o gran cantidad de grasa.
- Diarrea verde, denota el paso acelerado de las heces por el tracto, lo que impide que se descomponga la bilis.
- Diarrea negra, puede significar hemorragia digestiva superior, tiene un olor muy desagradable, se conoce como melena.
- Diarrea roja o con sangre fresca, puede significar parásitos y hemorragia digestiva inferior.
- Diarrea blanca o pálida, es posible y aparece en los casos de fallo hepático u obstrucción biliar severa.
Diarrea en niños (ALERTA)
Los adultos, tenemos una mayor resistencia y capacidad para equilibrar los líquidos corporales en caso de diarrea. Sin embargo, en los niños, mientras más pequeños sean, la diarrea se convierte en una patología grave. Debido a que, su cuerpo se compone de mayor cantidad de agua, por lo que la deshidratación producida por ella; es mucho más severa y peligrosa que en los adultos. Por este motivo, la diarrea en niños debe ser tratada inmediatamente; a menor edad, mucho más riesgo, incluso puede causar la muerte.
En este caso, es muy importante que los niños se mantengan siempre con una excelente hidratación oral o parenteral; a partir de suero oral de venta libre o hidratación hospitalaria. De hecho, estas es una medida de sostén tanto para niños y adultos, por el riesgo de deshidratación; siempre en toda diarrea se debe procurar una gran hidratación, en niños y adultos.
Tratamiento para la diarrea
El tratamiento para la diarrea es bastante variado, pues depende directamente del tipo y la causa que la produce. Por ende, es importante acudir a atención médica, sobre todo cuando los síntomas se hacen más duraderos. Concretamente, la diarrea de causa viral no suele tratarse, pues estas infecciones agudas se autolimitan; a menos que sea por rotavirus, que es bastante resistente, más en niños (existe una vacuna). Los virus crónicos como el VIH si requieren de un tratamiento específico.
Las diarreas causadas por bacterias, son tratadas con antibióticos, el metronidazol es uno de los más usados (infección por amebas); por tener actividad antibiótica y antiparasitaria. Sin embargo, es un medicamento fuerte, con efectos adversos peligroso, debe ser usado bajo supervisión. En el caso de parásitos, existen muchos antiparasitarios que se recetan según el diagnostico; como el Secnidazol, Albendazol, Mebendazol, Piperazina, Nitazoxanida. De todos estos, el de mayor cobertura antiparasitaria es la Nitazoxanida.
Por último, existen otros medicamentos de venta libre que se encargan de detener la diarrea en los casos posibles; como por ejemplo la Loperamida y el Subsalicilato de Bismuto. Aunque estos no se recomiendan para diarreas con sangre u otras características alarmantes; por ello, solo para diarreas agudas de causa alimentaria pueden aplicarse. Como ya mencionamos, el soporte de hidratación es vital en cualquier caso de diarrea; puede ser con sueros orales, solución parenteral, entre otras, pero nunca puede faltar.
¿Cómo prevenir la diarrea?
La prevención de la diarrea es sencilla en adultos, en los niños suele ser un poco más compleja pero no imposible. Concretamente, la higiene de los alimentos es sumamente importante para evitar la diarrea, en cualquier caso. Además, lavado de manos constante para los niños que se llevan la mano a la boca (también lavar los juguetes). Resumiremos algunas medidas preventivas:
- Lavar y desinfectar alimentos antes de consumirse o cocinarse.
- Lavar las manos constantemente.
- Lavar los juguetes de los niños que puedan llevar a su boca.
- Evitar comer fuera en sitios con higiene dudosa.
- Consumir agua limpia, hervida o mineral.
- Cocinar bien los alimentos.
Finalmente, la diarrea es un síntoma y enfermedad como tal, que puede desencadenar grandes estragos en el organismo; puesto que, produce fácilmente deshidratación que compromete el equilibrio electrolítico del organismo. Por ello, es importante identificarla, tratarla con la medicación prudente o tener medidas de sostén; como mencionamos, suero oral con electrolitos o soluciones inyectables. Siempre que la diarrea tenga características especiales, acudir a atención médica inmediata.
por Arturo Castillo | Salud
La diabetes, es una de las enfermedades más temidas por muchas personas, que a medida que pasa el tiempo, se hace más común. Debido a que, se asocia fuertemente con un componente genético, que se activa al presentar malos hábitos de vida; así como también, puede ser netamente hereditaria, es decir, inevitable su aparición. Es por ello, que hablaremos concretamente sobre cómo afecta la diabetes al organismo.
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¿Qué es la diabetes?
Se trata de una enfermedad endocrino metabólica, que afecta principalmente el metabolismo de la glucosa y otros azúcares. La glucosa, es el principal combustible del cuerpo, sobre todo para el cerebro, que lo prefiere predilectamente. De hecho, el cerebro de encuentra suspendido en un líquido, llamado líquido cefalorraquídeo; el cual, es bastante dulce, incluso si se llegase a probar, por cualquier circunstancia, tiene este sabor por el alto contenido de glucosa.
Esencialmente, en la diabetes, la hormona insulina (encargada de permitir la entrada de glucosa a la célula) pierde su efectividad; es decir, que no permite que ocurra este proceso, por lo que los niveles de glucosa en sangre permanecen elevados. Concretamente, hay 2 modalidades clínicas de la diabetes, la diabetes tipo I que es netamente hereditaria; conocida como diabetes infantil y la diabetes tipo II que se podría decir “adquirida” aunque no netamente.
Diabetes tipo I
En este tipo de diabetes, el defecto se encuentra en la propia hormona insulina, la cual, no es capaz de ejercer su función correctamente. Inicialmente, el cuerpo puede compensar esta deficiencia produciendo mayor cantidad de hormona. Así, algunas de estas pueden permitir la entrada de glucosa a la célula y “regular” el proceso hasta cierta edad. Sin embargo, llega un punto en el que páncreas se agota y no puede producir más hormona; apareciendo así la diabetes infantil insulino dependiente (no hay insulina en el cuerpo).
Diabetes tipo II
En contraste, la diabetes tipo II es una enfermedad crónica “adquirida” que se asocia con malos hábitos de vida; como la ingesta excesiva de dulces, tabaquismo, obesidad, hipercolesterolemia, resistencia a la insulina, entre otros. Aunque, también tiene un gran componente genético, pues debe haber al menos un familiar en la decendencia que la padeciera para que aparezca. En este tipo de diabetes, la insulina existe y es producida, sin embargo, no cumple su función porque los receptores de la misma no la reconocen.
Quiere decir, que se produce un efecto de resistencia a la acción de la insulina, que termina por compensarse con excesiva secreción de la misma. En este caso, la enfermedad tiene un desarrollo lento y no requiere de insulina como tratamiento de entrada; se inicia con cambios de hábitos de vida e hipoglucemiantes orales. Pero, efectivamente, al pasar de los años, el páncreas se agota y se convierte en insulino requiriente.
¿Cuáles son los síntomas de la diabetes?
Esta enfermedad, puede permanecer silenciosa por mucho tiempo, aunque si deja ver algunos indicios de alerta. Los cuales, es muy importante conocer para detectar la aparición de esta entidad a tiempo, sobre todo en los niños. Esencialmente, los síntomas en ambas variantes son iguales, se diferencian claramente en el debut de la enfermedad; es decir, la primera aparición de síntomas francos. Los síntomas generales son los siguientes:
- Sensación frecuente de sed (polidipsia)
- Aumento de las micciones (poliuria)
- Fatiga
- Llagas o heridas en piel de difícil cicatrización
- Cambios en la coloración de la piel (acantosis nigricans)
- Aumento del apetito voraz (polifagia)
- Visión borrosa
- Encías inflamadas y enrojecidas
- Perdida de peso marcada (diabetes tipo I)
Estas dos variantes de la enfermedad se diferencian en su debut, es decir, cuando el diagnostico se hace franco. La diabetes tipo I, debuta en los niños con la Cetoacidosis Diabética, que es cuando el hígado produce excesiva azúcar y obtiene energía a partir de la grasa; lo cual, genera una gran producción de cuerpos cetónicos que acidifica el pH sanguíneo, causa vómitos, dolor estomacal, fatiga extrema, mucha sed, micción frecuente, coma, entre otros. Por lo general, tiene como punto de partida un foco de infección, pues se requiere mucha energía para combatirlo.
En cambio, la diabetes tipo II debuta en los adultos (también puede ser en adolescentes muy obesos) con un Estado Hiperglucémico Hiperosmolar no Cetósico. Totalmente contrario al anterior, en este hay un exceso nivel de azúcar en la sangre; tanto, que se puede comparar a la sangre con una melaza de la cantidad de azúcar.
Básicamente, porque esta no puede entrar a las células para utilizarse y el cuerpo sigue ingiriendo más y más. En este caso, también hay mucha sed, micciones abundantes, debilidad, fiebre, convulsiones, confusión y también coma. En ambos casos, se trata de patologías que ponen en peligro la vida, se ve en pacientes que no tienen diagnostico de diabetes; o en caso contrario, tienen un mal tratamiento médico. Para evitar esto, es indispensable un diagnostico a tiempo, tomando en cuenta los signos y síntomas descritos.
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¿Cómo se trata la diabetes?
La diabetes es una enfermedad crónica e incurable, que en la actualidad tienen una gran cantidad de tratamientos. Sin embargo, estos varían de acuerdo al tipo de diabetes que se presente, si es la infantil o tipo I o el tipo II o del adulto (frecuentemente). En el primer caso, la diabetes tipo I se trata con insulina directamente; la cual, puede ser de acción larga, acción corta, cristalina, NPH y muchas variantes, por supuesto, depende de cada persona y el criterio médico.
En cambio, la diabetes tipo II se puede tratar en fases iniciales con un cambio radical del estilo de vida; es decir, comer sano, dejar el azúcar por completo, reducir carbohidratos al máximo, bajar de peso, hacer actividad física, dejar de fumar y beber alcohol y más.
Además, estos cambios se acompañan con hipoglucemiantes orales como la Metformina, Pioglitazona, Miglitol, Acarbosa y muchos otros. Posteriormente, en fases avanzadas de la enfermedad, se inicia el tratamiento con insulina. Los esquemas de tratamiento son muy variados y adaptativos, además, no se pueden mencionar directamente en la red; pues son tratamientos peligrosos, que si se automedican pueden causar la muerte.
¿Por qué la diabetes es tan temida? (Complicaciones)
Los niveles elevados de azúcar en la sangre, de forma prolongada, son capaces de afectar a casi todos los órganos del cuerpo. Ya que, esto tiene como efecto congestionar, sobrecargar e incluso inutilizar los órganos. Por ejemplo, la retinopatía diabética es una de las complicaciones más conocidas y temidas; en la cual, se ve afectado el nervio óptico, específicamente la retina, causando ceguera en el paciente, incurable (no hay más conducción de impulsos).
Otras complicaciones frecuentes son la nefropatía diabética, en la que los riñones al filtrar tanto azúcar en sangre; pierden su capacidad de filtración eficiente y entran en fallo renal, lo cual, hace necesario la diálisis para sobrevivir. Por último, otra muy temida y popular es la neuropatía y podopatía diabética.
En la cual, los nervios se ven afectados y pierden su capacidad de conducir impulsos nerviosos; en consecuencia, hay perdida de sensibilidad en manos y más frecuentemente en pies. Lo que resulta, en que ocurran herida no percibidas por el afectado, que se infectan y evolucionan a pie diabético (por la mala cicatrización e inmunosupresión) que habitualmente requiere amputación de dedos, pie e incluso la pierna.
En conclusión, la diabetes es una enfermedad bastante complicada que puede afectar en gran medida la calidad de vida; por ello, saber cómo afecta la diabetes al organismo, es fundamental para tomar medidas de prevención a tiempo. Así como también, si ya se padece, hacer caso a todas las recomendaciones, seguir el tratamiento, para retrasar lo más posible las complicaciones. Puesto que, efectivamente llegarán en algún punto, pero se puede retrasar enormemente.
por Arturo Castillo | Salud
Las amígdalas, son dos masas de tejido que se encuentran a cada lado de la entrada a la garganta o laringe; justo por detrás del velo del paladar, rodeando a la úvula, la estructura responsable del reflejo nauseoso. Dichas masas, tienen importancia para defender al organismo ante la entrada de microorganismos patógenos; motivo por el cual, suelen verse afectadas por estos con frecuencia, por ello, hablaremos sobre cómo curar la amigdalitis.
¿Qué es la amigdalitis?
Como mencionamos, las amígdalas son dos masas de tejido par, que se encuentran en la entrada a la laringe; las cuales, tienen como finalidad ayudar al sistema inmune a combatir la proliferación y entrada de microorganismos al cuerpo. Así como también, ayudan a controlar el equilibrio de la flora bacteriana de la boca propiamente. Estas estructuras, trabajan en conjunto con los adenoides para combatir estos patógenos; por lo cual, forman parte del sistema y circulación linfática.
De este modo, la amigdalitis, no es más que la inflamación de estas estructuras, producto de la proliferación de virus y bacterias; esto ocurre, cuando son demasiados microorganismos para ser controlados por ellas o existe una inmunosupresión. Efectivamente, las amígdalas y los adenoides se encargan de retener a estos agentes para que no ingresen al cuerpo; en cambio, sufren daño como inflamación, enrojecimiento y congestión, que suelen ser muy molestos.
¿Cuáles son los síntomas de la amigdalitis?
La inflamación de las amígdalas, es uno de los síntomas principales de esta patología, aunque esto puede ser variado. Debido a que, según el agente causal que cause esta inflamación, puede ser más o menos grave. Por lo general, los virus son los responsables más frecuentes de que esto suceda, aunque también pueden causarlo bacterias; en este último caso, los síntomas pueden ser mucho más acentuados en cualquier amigdalitis aguda. Los síntomas generales son los siguientes:
- Las amígdalas están rojas e inflamadas.
- Dolor de garganta.
- Disfagia o dificultad para tragar.
- Fiebre (más acentuada en caso de bacterias).
- Ronquera o dificultad para el habla.
- Formación de placas o manchas blancas en las amígdalas.
- Mal aliento o halitosis.
- Inflamación de ganglios del cuello (con rigidez del cuello).
- Cefalea o dolor de cabeza.
Esta enfermedad no distingue de edad, pues, de hecho, las amígdalas en las primeras etapas de la vida son más sensibles. Motivo por el cual, la amigdalitis en niños es algo sumamente frecuente y que debe vigilarse muy de cerca. Puesto que, debido a sus síntomas, puede descompensar fácilmente a un infante. Así como también, complicarse rápidamente con otras patologías como el CRUP. Los síntomas en niños pequeños son babeo abundante, perdida de apetito, dificultad para tragar alimentos y agitación.
¿Cómo curar la amigdalitis?
El tratamiento de la amigdalitis depende directamente de la causa, es decir, si es de origen viral o bacteriano. Concretamente, esto podrá ser determinado por un profesional de salud a través de pruebas diagnosticas como cultivos; así como también, el tiempo de evolución de las mismas, debido a que, las de causa viral se superan mucho más rápido. En atención a esto, vamos a hablar sobre cómo curar la amigdalitis en cada caso.
Amigdalitis viral
Esta es una de las más comunes, por lo tanto, es muy probable que, si presentas un cuadro como el descrito, esta sea la causa. Sobre todo, porque es sumamente contagioso, ante cualquier contacto con el virus comienzan los síntomas. Cabe destacar, que en la amigdalitis aguda de origen viral no existe un tratamiento; de modo que, solo se aplican medidas generales o de sostén, que ayudan a sobrellevar la infección. Estas medidas, también aplican para la bacteriana:
- Mantenerse muy bien hidratado
- Tomar antipiréticos para la fiebre como paracetamol (dosis indicada para niños si es el caso).
- Usar un humidificador del ambiente para evitar más resequedad de las amígdalas.
- Consumir pastillas masticables para el dolor.
- Aumentar las medidas de higiene bucal.
- Evitar agentes irritantes como humo de tabaco, polvo, polen, entre otros.
- Hacer gárgaras con agua salada (una cucharadita en un vaso de agua)
- Comer alimentos reconfortantes, fríos o tibios.
- Dormir y descansar para combatir la infección.
Amigdalitis bacteriana
Aunque existen amigdalitis por otras causas, verdaderamente estas son las más frecuentes, principalmente; porque los hongos son de tipo oportunista y solo se presentan en casos de inmunosupresión. En este caso, la diferencia del tratamiento anterior, es que se debe recetar antibióticos para superar la infección; algo que es muy importante, pues se puede complicar fácilmente impidiendo incluso la respiración o dejando secuelas.
Los antibióticos como la penicilina o amoxicilina más ácido clavulánico son de los más empleados para tratar la amigdalitis. Claro está, en caso de que no presentes alergia a cualquiera de estos dos medicamentos.
Usualmente, el esquema de penicilina benzatínica, suele bastar con una o dos dosis de 2.400.000 UI; la amoxicilina, podría ser de 500 miligramos cada 8 horas por 7 a 10 días, ambas dosis para adultos (consulte a su médico). En el caso de los niños, la dosis se calcula según peso, talle y edad, por un especialista.
¿Cuándo acudir a atención médica urgente?
Especialmente en los niños, la amigdalitis aguda de origen bacteriano puede complicarse de forma bastante seria. Por ejemplo, puede hacerse resistente la infección e ingresar al torrente sanguíneo empeorando el cuadro. Así como también, puede causar una inflamación excesiva que obstruya la vía aérea e impida la respiración. A tal efecto, se debe acudir al médico de inmediato, para así, evitar además otras complicaciones como la fiebre reumática; producida por el estreptococo del grupo A (agente causal frecuente de amigdalitis).
Tratamiento quirúrgico ¡Curación definitiva!
Anteriormente, mencionamos que las amígdalas junto con los adenoides tienen una importante función inmunitaria y linfática. De modo que, la cirugía de extracción de las mismas, solo queda reservada para las amigdalitis muy frecuentes; ya que, esto pone en riesgo a niños y adultos de sufrir complicaciones como las ya mencionadas. Efectivamente, la extracción quirúrgica de estas estructuras es una solución definitiva; pero debes tener en cuenta que permitirá el paso más fácil de agentes patógenos al cuerpo a través de la boca.
¿Se puede prevenir la amigdalitis?
Efectivamente, la amigdalitis puede prevenirse de forma muy sencilla, únicamente se debe mejorar la higiene bucal. Es decir, usar enjuague bucal con capacidad bactericida con frecuencia, cepillar los dientes frecuentemente y usar hilo dental. Así, se evita que bacterias y virus peligrosos se mantengan en la boca latentes para atacar. También, se debe mejorar la higiene de manos y de los alimentos, al igual que evitar que los niños se lleven manos y objetos a la boca (lavar sus manos y juguetes frecuentemente si es muy difícil o son muy pequeños).
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En conclusión, la inflamación de las amígdalas o amigdalitis aguda, es una infección frecuente en la infancia y también en la vida adulta. La cual, puede ser causada por virus o bacterias, desencadenando síntomas molestos que dificultan las actividades. Sin embargo, es completamente prevenible y tratable, siempre debe acudirse a atención médica ante cualquier alarma; sobre todo, porque tiene complicaciones serias. Es allí, cuando la extracción de las mismas es el mejor camino.
por Daniela Azuaje | Salud
El estrés, largas jornadas laborales, atender y llevar a los niños al cole, al fútbol, a clases de ballet, atender las labores del hogar y más. Todo esto nos puede dejar exhaustos tan solo en un día, ahora imagina esta rutina a diario… ¡¡Uff!! completamente agotador. Puede llegar un momento en el que sientas que no das más, que las actividades del día te superan y solo desees estar en tu camita y descansar. Te comprendo, me ha pasado, siento que se me ha acabado toda la energía.
En la medida que cuides de tu mente y tu cuerpo y para mantener ese delicado balance en un equilibro y estado óptimo, deberás estar al pendiente de tus síntomas porque más que un agotamiento físico, tal vez puedas tener agotamiento mental. Veamos algunos consejos que te pueden ayudar a recuperar la energía cuando estás muy cansado.
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Consejos para Recuperar la Energía
¿Sientes que quieres estar en tu camita todo el día? ¿Te cuesta hacer tus labores diarias? ¿Te sientes débil y sin ánimos de nada? ¿Pasas todo el día arrastrando tu cuerpo? Seguramente estás experimentando mucho cansancio; pero, no te preocupes, siempre hay solución para todo, así que veamos algunos tips para que recuperes tus energías rápidamente.
Evita el consumo de bebidas estimulantes.
Su uso constante te hará entrar en un círculo vicioso en donde en un principio sientes que recuperas la energía, pero luego tu batería interna queda completamente descargada.
El consumo de café, bebidas energizantes y refrescos entre otros, funcionarán como la descarga de energía que necesitas en un momento determinado, pero luego que la descarga pasa, quedarás incluso más agotado y deshidratado.
Si deseas consumir una bebida que aporte realmente energía de la buena, opta por una taza de té verde, un jugo verde energizante y toneladas de agua durante el día. Tu cerebro y tu cuerpo necesitan agua para funcionar. (Te puede interesar cómo tomar té verde). La correcta hidratación es excelente para recuperar tu energía.
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Equilibra la glucosa en sangre.
Nuestro cuerpo transforma los alimentos que consumimos en glucosa para poder funcionar correctamente durante el día. Si nos alimentamos con productos verdaderamente nutritivos, los niveles de glucosa en sangre deberían aportar la energía suficiente para sobrellevar tus actividades diarias.
Dale prioridad al consumo de verduras de hoja verde, frutas, frutos secos, proteínas magras como pescados azules y para el caso de los carbohidratos, asegúrate de que sean aquellos de liberación o digestión lenta como la avena, papas y granos entre otros. Ellos harán que tus niveles de glucosa en sangre sean estables durante el día y no presenten picos altos o bajos, ya que estos son los responsables de que puedas sentirte cansado en ciertos momentos.
Si controlamos la glucosa de la sangre mediante la alimentación, podremos recuperar nuestra energía y evitar estar tan cansados.
Evita el consumo de azúcares refinados, harinas refinadas, refrescos o jugos envasados
Consumirlos es lo peor que le puedes hacer a tu cuerpo. Su consumo constante inflamará todos tus sistemas además de dejar un residuo ácido tras haberse procesado. Este tipo de productos son los principales causantes de resistencia a la insulina, diabetes y muchas otras enfermedades.
No te miento, justo luego de comerlos, puedes experimentar un empujón de energía, sin embargo, luego de que el efecto pasa, adivina ¿cuál es el principal síntoma luego de que el cuerpo los metaboliza? Pues sí, es el cansancio.
Soy fiel creyente que para recuperar tu energía, sentirte más activo y evitar el cansancio debes enfocarte en tu alimentación.
Haz una actividad física
Lo más importante es que te muevas, el sedentarismo es uno de nuestros males modernos. Así que ponte en acción, determina cuáles son tus actividades físicas favoritas y ¡hazlas! Dedícate aunque sea 30 minutos al día para ti y cuidar de tu cuerpo.
Es impresionante toda la energía que puedes ganar con tan solo estar en movimiento. Una actividad física mejorará tu circulación, reducirá tu estrés, mejorará tu estado de ánimo y la tonicidad de tus músculos. Desde mi punto de vista son más los beneficios de mantenerte activo que quedarte sentado. Atrévete a moverte para recuperar toda tu energía perdida. ¡Vamos inténtalo!
Descansa.
Mientras dormimos nuestro cuerpo se regenera y recupera energías, procura dormir de 7 a 8 horas durante la noche y si durante el día puedes hacer una siesta de 20 minutos, pues mucho mejor. Tu cuerpo te lo recompensará sintiéndose con más vitalidad.
Descansar es clave para tener energía durante el día, cuando descansas le das la oportunidad a tu cuerpo de reponerse y estar activo para el siguiente día.
Toma una ducha fría.
El agua fría te despertará y hará que todos tus sistemas se activen y estén alertas. El agua fría es excelente para la circulación sanguínea y para hacerte recuperar energías.
Si tienes poco tiempo para tomar un descanso y te sientes muy agotado, mi recomendación es que disfrutes de una ducha fría y recuperes tu energía.
Haz ayuno intermitente.
Se puede pensar que en los períodos de ayuno el cuerpo se pueda sentir débil, sin embargo y por experiencia propia, el ayuno intermitente hará que tu cuerpo entre en un período de regeneración del sistema inmune, lo que hará que puedas sentir algo de energía extra.
Esta energía te funcionará siempre que hagas una actividad sencilla como trabajar en tu pc, buscar a los niños al cole y así, nada de correr maratones o subir una montaña. Este método es excelente para recuperar tu energía perdida.
Al estar cansados todo nos cuesta más, incluso ese cansancio puede hacer que nos sintamos mal emocionalmente, por eso es importante recuperar el ánimo, la fuerza y las energías para disfrutar de un cuerpo sano y poder llevar a cabo todas nuestras labores con vitalidad. Los hábitos alimenticios, el descanso y la actividad física serán claves para lograr ese equilibrio que tanto bienestar trae a nuestra vida. Y tú, ¿te sientes cansado? ¿Te atreves a recuperar tu energía?
por Arturo Castillo | Salud
Durante la infancia, el sistema inmunitario no se encuentra totalmente maduro, pues aún están en desarrollo las defensas; las cuales, comienzan a ser más efectivas cuando se llega a una considerable exposición de agentes patógenos, por la producción de anticuerpos. En este caso, las enfermedades exantémicas de la infancia encabezan la lista entre las primeras; siendo una de ellas la varicela, debido a esto, hablaremos sobre cómo saber si mi hijo tiene varicela.
¿Qué es la varicela?
La varicela, es una enfermedad exantémica, es decir, que produce lesiones en la piel bastante características. La cual, es producida por el virus Varicela zoster, perteneciente a la familia de los herpes virus. Dicha enfermedad, se presenta con mayor frecuencia en la infancia, entre los 1 y 9 años de edad. Sin embargo, también puede aparecer en la adolescencia y adultez, donde es mucho más severa. En consecuencia, el contagio temprano o vacunación es la mejor opción.
Esta enfermedad, también es conocida popularmente como “Lechina” en países de Latinoamérica como Venezuela; además, en Chile se le conoce como “Peste Cristal”, en cualquier caso, es producida por el mismo agente etiológico. El cual, es sumamente contagioso y son susceptibles todas las personas que no hayan sufrido el virus en la infancia.
¿Cuáles son los síntomas de la varicela en niños?
Esta enfermedad produce lesiones en la piel que son bastante características, bajo la mirada correcta, es fácil de diagnosticar. Como mencionamos antes, se trata de múltiples lesiones localizadas por todo el cuerpo; de hecho, su extensión se relaciona directamente con la severidad del contagio en cuestión.
Dichas lesiones, tienen un ciclo característico, comenzando por ser elevadas como bultos (pápulas); seguidamente, sobre ellas se forman bolsas, ampollas o vesículas llenas de líquido al cabo de 1 día, hasta finalmente convertirse en costras que cubren estas ampollas. Por supuesto, estas lesiones producen picor o picazón intensa que lleva al rascado, lo cual, disemina más la infección y genera cicatrices. Además de esto, pueden existir otros síntomas asociados, resumiendo:
- Inicialmente, lesiones en piel elevadas tipo bultos o pápulas durante varios días.
- En su segunda fase, se transforman en vesículas o burbujas llenas de líquido que se rompen y drenan.
- Tercera fase, lesiones costrosas que significan la cicatrización de las anteriores.
- Puede existir fiebre.
- Pérdida de apetito.
- Decaimiento y malestar general.
Es importante destacar, que esta enfermedad puede complicarse con la sobreinfección de las lesiones; por ello, se debe estar atento a signos de infección como calor en la zona, secreción de pus, cambios de coloración, entre otros. En ese caso, se debe acudir al médico de inmediato para administrar y recetar tratamiento antibiótico.
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¿Cómo se contagia la varicela?
Esta es una enfermedad altamente contagiosa, debido a las lesiones extensas que produce en la piel. De hecho, al contagiarse, pasan de 14 a 21 días antes de manifestarse los síntomas, aunque posterior a 48 horas del contagio, se puede contagiar a otros. Durante la enfermedad, el afectado puede contagiar a cualquier persona hasta que las lesiones se tornen costrosas; quiere decir, que el principal mecanismo de transmisión es a través del contacto con estas secreciones.
Estas características de la enfermedad, hacen que se dé en forma de brotes en escuelas, guarderías, preescolares y más. Incluso, puede causar brotes en lugares de estudio superiores y trabajo, siempre que las personas no estuvieran expuestas previamente o vacunadas. Por este motivo, la varicela es una enfermedad de notificación obligatoria, a pesar de no ser realmente grave.
Síntomas de varicela en adultos
El virus de la varicela, suele atacar con mucha más fuerza en la edad adulta, debido a la participación del propio sistema inmune; el cual, en medio de la batalla contra el virus, por su ya madurez, causa muchos más estragos a nivel sistémico. En este caso, los síntomas son iguales, pero más severos que en la infancia. Además, también puede aparecer por segunda vez, es decir, así se haya presentado en la infancia; pero esta vez, en forma de Herpes Zoster, una enfermedad mucho más grave.
Debido a que, es capaz de atacar directamente a los nervios espinales, que se organizan en secciones llamadas Dermatomas; es por ello, que el herpes zoster se caracteriza por ser una banda de lesiones circular, que en algunos países se conoce como “culebrilla”. Donde existe el “mito”, de que al juntarse ambas puntas la persona muere. Lo cual, no está tan alejado de la realidad, pues significa una infección severa del sistema nervioso; que en inmunosupresión puede ser muy grave.
Tratamiento de la Varicela
En el caso de los niños, el tratamiento de la varicela va especialmente dirigido a calmar los síntomas, más no a atacar el virus. Debido a que, los medicamentos que se emplean para ello, no tienen efecto en los menores de 14 años como se espera. En consecuencia, podemos recomendar un tratamiento en casa encabezado por los siguientes medicamentos:
- Paracetamol para la fiebre (dosis indicada por pediatra según edad y peso)
- Ungüentos o pomadas analgésicas como calamina para la picazón.
- Aislamiento del enfermo de cualquier persona que no tuviese previamente el virus (no enviar a la escuela, guardería, etc).
- Baños con jabón suave o neutro para acelerar la cicatrización.
- Mantener las uñas cortas para evitar empeorar lesiones y sobreinfección por el rascado (que también debe evitarse para que no queden cicatrices)
En el caso del adulto, si se trata de una infección severa con gran extensión, se puede recetar aciclovir; para acelerar el proceso de la enfermedad y en consecuencia la cicatrización de las lesiones. También, en el caso del Herpes Zoster, se indica el aciclovir para frenar la diseminación metamérica de la infección.
Varicela y el embarazo
Otro tópico de gran importancia referente a este virus, es su aparición en la madre durante el primer trimestre del embarazo. Debido a que, se asocia bajo peso al nacer y malformaciones congénitas que pueden ser muy graves; de hecho, podría ser un criterio para la interrupción del embarazo, en casos muy puntuales. También, si el contagio se produce una semana antes o después del parto, el bebé tiene alto riesgo de desarrollar una infección grave de varicela.
En consecuencia, la vacunación profiláctica antes del embarazo, es una medida efectiva para evitar todas estas consecuencias; claro está, solo para aquellas mujeres que no padecieran la enfermedad o recibieran la vacuna anteriormente y antes del embarazo; ya que, según el tipo de vacuna, podrían presentarse los síntomas tras su aplicación.
Prevención de la varicela
La única medida efectiva para prevenir la aparición de varicela en los niños es a través de la vacunación. Por suerte, se han desarrollado vacunas muy efectivas para desarrollar anticuerpos e impedir la infección; aunque en algunos casos, a pesar de la vacuna, se puede presentar la enfermedad, pero de forma muy leve e inofensiva. Las indicaciones de la vacuna aceptadas internacionalmente son las siguientes:
- Niños pequeños, reciben una dosis entre los 12 y 15 meses de edad y luego un refuerzo entre los 4 y 6 años.
- Niños mayores no vacunados entre 7 y 12 años, 2 dosis con espacio de al menos 3 meses entre cada una.
- Niños mayores de 13 años no vacunados, reciben 2 dosis de la vacuna con un espacio mínimo de 4 semanas entre ellas.
- Adultos no vacunados que no padecieran la enfermedad y en riesgo de contagio (trabajadores de salud o que convivan y trabajen con niños) reciben 2 dosis de la vacuna en intervalo de 4 a 8 semanas.
- Toda mujer que pretenda o pueda quedar embarazada y no padeciera la enfermedad debe recibir la vacuna bajo el mismo esquema de los adultos regulares.
- La vacuna esta contraindicada durante el embarazo, en pacientes con VIH o alguna inmunosupresión, pues pueden desarrollar síntomas.
Finalmente, sin duda alguna es de gran importancia el cómo saber si mi hijo tiene varicela, pues debe recibir las medidas y tratamiento adecuado. Así como también, se debe conocer los síntomas en el adulto, al igual que las variantes de enfermedad que produce el virus. Puesto que, pueden aparecer complicaciones de importancia, especialmente en el embarazo. En cualquier caso, la opinión médica profesional siempre está indicada y jamás sobra.